El código del atleta
En los últimos 30 años, he tenido la suerte y el privilegio suficiente para estar involucrado en actividades deportivas y algunas de ellas, de alto nivel de competencia. He conocido a un montón de deportistas (hombres y mujeres), y entre ellos, he conocido a pocos atletas.
Desde mis ojos, no es suficiente ser talentoso en los deportes, estar expuesto comercialmente o tener abdominales para ser considerado un atleta de verdad. Es más que eso: nadie nace como un atleta, te conviertes en uno, es un estado que te ganas y debes merecer. Es un camino.
Un deportista no debería ser visto como un atleta real basándose solo en un momento o en una performance, sino en una continuidad de eventos y prácticas, un largo proceso con constancia en la actitud y el comportamiento.
Más allá del deporte que se practique, la etnia, el género la edad, etc.: aquellos que he conocido a los que considero atletas son muy similares en su comportamiento, te dan esta sensación de que sus acciones son naturalmente influenciadas por un tipo universal de código de ética. Cuando conoces a un atleta, a menudo es obvio que hay algo especial sobre él como individuo. Por un lado, hay cosas que pueden ser vistas u oídas sólo como una forma física, presencia, palabras y postura en el movimiento; y por el otro, hay cosas que no pueden ser vistas pero pueden ser percibidas como un aura de confianza, o de seguridad en sí mismos, de bienestar y una fortaleza física y mental ocultas.



















